Algunos meses más tarde, podemos sentirnos felices por Gonzalo, estamos ante una de esas historias con final feliz, pues según publicó La Opinión, el pasado domingo, Gonzalo pudo volver a jugar al Baloncesto con su equipo habitual.
"Como cada día de partido, Gonzalo, un chico moratallero de 14 años de edad que juega en el Club Baloncesto Rayo Moratalla, se levantó y tras desayunar preparó sus cosas y le pidió a su madre que lo llevará hasta el pabellón Julio Cardozo. Tocaba enfrentarse contra el Torres de Cotillas, del grupo C de la categoría masculina infantil, un partido que a priori era muy complicado debido al nivel del conjunto visitante.El tesón de Gonzalo, de su familia, su enternador y toda la gente que se volcó con su historia ( Desde la Gaceta del Noroeste conseguimos hacer llegar su caso a más de medio millar de lectores y a mucha más gente a través de las redes sociales ) han dado sus frutos. La Federación de Baloncesto ha recapacitado y el pasado domingo Gonzalo pudo disfrutar de ese deporte que tanto le gusta y, seguramente, de un día que difícilmente olvidará.
Gonzalo calentó junto al resto de sus compañeros hasta el comienzo del partido. Al descanso un 18-17 en el marcador hacía pensar que los dos tiempos que restaban al encuentro serían de infarto. Ambos entrenadores daban instrucciones a sus pupilos no solo de juego, sino de como había que comportarse en cada momento. El joven jugador continuaba en el banquillo muy atento al partido, aunque ocasionalmente no podía evitar una mirada de reojo a la grada. Allí su fan incondicional número uno, su madre, esperaba el gran momento.
Al inicio del cuarto tiempo el entrenador comenzó a darle instrucciones y Gonzalo saltó a la pista. Un robo de balón, un disparo fallido, el gran momento se hace de rogar, pero al deportista que lo da todo siempre le llega su momento de oro. Una falta del Torre de Cotillas, que el árbitro de la contienda penaliza con dos tiros y posesión. El técnico grita «la tira Gonzalo».
Ahí está solo ante la canasta es su momento, tira y... falla. Parece que hoy no quiere entrar, pero llega la segunda oportunidad, el joven se concentra, el pabellón enmudece por completo, parece que ahora el disparo es certero y encesta. El chico cruza la pista al encuentro de sus compañeros, para abrazarse a ellos, mientras ambas aficiones aplaudían la tan sufrida canasta. Segundos antes de finalizar el encuentro, el chico volvía al banquillo entre los aplausos de sus compañeros."


